—¿Qué pasa, Aras? —provocó Burak, dando un paso al frente y perdiendo un poco la diplomacia—. ¿Estás enamorado de ella?
Un Köksal jamás muestra sus cartas. Nunca dejas que tu enemigo —aunque tenga tu misma sangre— sepa dónde te duele. Pero la presión, los celos posesivos y el instinto territorial me nublaron el juicio por completo.
—Es tu futura cuñada —solté, las palabras saliendo como un látigo definitivo que dejó el aire de la terraza en suspenso.
Burak se congeló un segundo, pero se r