La geometría del caos.
El reservado del Sunset Grill se convirtió en una cápsula de tiempo donde el aire parecía haberse agotado.
Diego Von Seidl se quedó solo frente a la silla vacía de Aras. Por un segundo, el silencio fue absoluto, pero dentro de su pecho, el corazón golpeaba con una violencia que su educación en los mejores internados de Europa no le había enseñado a manejar. Las palabras de Aras —«Ella ya es mía»— rebotaban en las paredes de su mente como metralla. Para Diego, Melani no era una posesión físic