Desde el lobby hasta el último piso de la presidencia, el zumbido de los susurros competía con el sonido de los teclados. Las pantallas de las tablets y los teléfonos de los empleados mostraban lo mismo: la imagen granulada pero potente de Aras y Melani en la gala. Los titulares eran una carnicería de creatividad mediática: "¿La nueva Sultana del Acero?", "El Vals que humilló a los Karaman", "Occidente conquista el corazón del Titán".
Melani Fernández cerró su tablet con un movimiento seco,