Melani Fernández
El silencio de mi apartamento en Nişantaşı nunca me había parecido tan ruidoso. Me desperté antes de que los primeros rayos de sol golpearan los ventanales, con el sabor del whisky y el recuerdo del roce de los labios de Aras todavía impregnados en mi piel. Me quedé inmóvil bajo las sábanas, escuchando el latido de mi propio corazón, tratando de encontrar en mi mente la lógica que siempre me había salvado de los desastres. Pero no había logística para lo que había sucedido a