Melani Fernández
La fría habitación me acompañó dos días más. Sentí que me asfixiaba al no saber nada de Aras ni de mis padres. El médico y las enfermeras eran mi única compañía; incluso Diego se había mantenido al margen, dejando que Siegmund probara cada alimento que ingresaba por estricta seguridad. Mis pulmones sanaban, el ardor cedía, pero la tos persistía como un recordatorio del accidente.
—Ha superado las cuarenta y ocho horas críticas —indicó el médico a Siegmund—. La mejoría es no