Melani muy pocas veces perdía el estribo, pero en esta ocasión, la impotencia era un peso ciego que no sabía dónde descargar. Se quedó estática en medio del salón, con las revoluciones mentales al límite mientras intentaba reconfigurar a marchas forzadas cada variable que Aras acababa de destruir. Él, incapaz de tolerar aquella gélida distancia, dio un paso al frente con la clara intención de acortar el espacio y buscar ese contacto físico que solía aplacar las tormentas entre los dos.
Antes