Las damas de la alta sociedad invitadas por Fatma esperaron el día de la henna incluso mucho más que la propia novia. Era la oportunidad que no podían desperdiciar para juzgar a la gran matriarca que había sido superada por una extranjera.
El sol de la tarde sobre el Bósforo caía con una pesadez densa, reflejándose en las cúpulas y los ventanales de la mansión Köksal como un presagio. En las semanas previas, las negociaciones entre Melani y Fatma Hanım sobre la vestimenta para la Noche de la