VIGÉSIMO PRIMERO.
No sabia que hacer, que demonios pensar.
Se encontraba desnuda, acostada en lo poco que quedaba de una tienda, con el rastro de sangre y semen entre sus piernas. Y su secreto mejor guardado al fin revelado.
Apretó los dientes, sabiendo que ya no valía de nada esconderse frente a el.
Saco el glamour de alrededor de su cuerpo, alzando una mano para convocar ropa que la visitera. Parándose del suelo arreglo la tienda a su estado primario, mirando fijamente la marca ennegrecida