JAVIER
Estaba en mi cocina cuando llegué a casa.
Haciendo café como si fuera dueña del lugar, algo que había empezado a hacer en las últimas dos semanas desde que, aparentemente, nos habíamos reconciliado; una reconciliación que aún no tenía del todo claro si había aceptado o simplemente no me había opuesto con suficiente firmeza.
Así era Paloma: se instalaba en los espacios sin pedir permiso y se quedaba hasta que lo notabas, y para cuando lo notabas ya se había vuelto normal.
Miguel me había