CATALINA
El penthouse estaba silencioso de la manera en que solo se quedaba después de que Marisol se dormía.
No un silencio vacío, nunca eso, más bien el tipo de silencio que tenía un latido, cálido y asentado y lleno de todo lo que había ocurrido entre estas paredes durante los últimos meses. Había aprendido a distinguir entre los dos.
Estaba sentada junto a la ventana con una taza de té que se había enfriado, mirando las luces de la ciudad abajo, cuando escuché su llave en la puerta.
Se veía