CATALINA
Me vendaron las manos en el parque.
Les dije que no, que me dejaran y encontraran a Marisol, que estaba bien, y Alejandro me miró una vez con esa expresión y dijo siéntate Catalina y algo en su voz me hizo sentarme y dejar que el hombre hiciera lo que necesitaba hacer.
Mis manos todavía temblaban cuando terminó.
Las miré en mi regazo, envueltas en blanco, y pensé en cómo se habían sentido vacías desde el momento en que su mano dejó la mía y no había podido cerrarlas bien desde entonces