MATTEO
Sentado en mi silla giratoria, sonreí, girando cómodamente… todo estaba encajando por sí solo, sin que yo tuviera que mover un dedo.
Mi teléfono sonó, sacándome de mis pensamientos. Mi mirada fue al reloj de pared. ―Las dos diecisiete ―murmuré, dejando que el teléfono sonara.
Sonó dos veces más antes de que finalmente contestara. No porque estuviera ocupado… sino porque había aprendido que tu energía va más allá de lo que dices, hasta cómo manejas las cosas a tu alrededor.
―¿Qué sabes de