A las treinta y cinco semanas de embarazo me desmayé en la biblioteca.
Desperté en el hospital, con una vía en el dorso de la mano y el monitor cardíaco emitiendo pitidos a mi lado.
El primero en llegar fue Esteban, quien llamó a Lorena desde el pasillo. Como Lorena estaba en otra ciudad, fue ella quien terminó avisándole a Manuel. Él llegó poco después. Más tarde supe que dos semanas antes había alquilado un departamento en el edificio vecino al mío.
Cuando abrí los ojos, estaba sentado junto a