Permanecí en la entrada sin moverme.
La mirada de Manuel pasó de las ecografías a la carta de admisión y, finalmente, se detuvo en mi rostro. Se puso de pie y avanzó hacia mí con pasos lentos y pesados.
—Me lo ocultaste durante todo este tiempo —dijo, sosteniendo la primera ecografía con una mano temblorosa.
Retrocedí y mi espalda golpeó el marco de la puerta.
—No abortaste. Me mentiste.
Dio otro paso y alzó el informe frente a mí.
—Y esto… ¿Cuándo solicitaste el ingreso a la maestría? ¿Cuántas