El día que llegué a Santa Aurelia llovía.
Lorena me había alquilado un departamento de una habitación cerca de la universidad. Estaba en un edificio antiguo y no tenía ascensor.
Subí sola el equipaje hasta el quinto piso y tuve que detenerme cuatro veces. Cuando terminé, me senté en el suelo de la sala vacía, empapada en sudor.
Mi celular sonó. Era un mensaje de Manuel: "¿Ya llegaste?".
No respondí.
Llegó otro: "Bajó la temperatura. Abrígate bien".
Puse el celular boca abajo sobre el piso.
Al dí