Esa noche no pude dormir. A las tres de la madrugada, sentí que mi hija pateaba dentro de mi vientre.
Me acaricié el vientre y volví a pensar con claridad.
No importaba de quién fuera Nico. Nada podía cambiar lo que Manuel había hecho. Me había pedido que abortara. Había dado por válida la constancia médica como si eso bastara para cerrar el asunto. Ni una sola vez me había preguntado si yo estaba dispuesta a hacerlo.
Esos hechos no desaparecerían por una llamada.
Al día siguiente asistí a clase