Una melodía comenzó a sonar en violín. ¿Era necesario tanto romanticismo en medio del caos mental que estaba viviendo? Honestamente, parecía una escena de película donde en cualquier momento alguien se declararía. O moriría.
—Vamos al baño —susurró Mia en mi oído.
Asentí y me levanté del asiento. Daylon me lanzó una de esas miradas suyas, entre curiosidad y sospecha.
—Iré al baño —dije, como si necesitara permiso. Él solo me miró en comprensión, aunque su ceño fruncido decía otra cosa.
Mia y yo