—Ya pedí un taxi. —Respondió a los minutos. —Y justo en este momento, está afuera esperándome. —Mi corazón explotó y como un tonto, tomé sus maletas y las subí al taxi. Sentía que estaba en modo automático.
Ella sonrió y bajo la lluvia me dio un gran abrazo, el cual me terminó de matar.
— ¿Puedo besarte una vez más? Compadécete de este pobre hombre que no puede vivir sin ti. —Ella asintió desconcertada, igual no le costaba nada besar los labios que un día daban la vida por ella.
En ese instante