El silencio fue pesado entre ellos. Leticia sentía que necesitaba aire. No quería ni ver en el espejo la expresión que tenía ahora. Solo se dio media vuelta para salir de aquel baño donde se estaba asfixiando cuando los brazos de Rayan la envolvieron desde atrás, pegándola a su cuerpo.
No luchó, ¿para qué?
Rayan, por su parte, sentía la desesperación apoderarse de él. Leticia estaba completamente cerrada a escucharlo. A creerle. No, no podía permitirlo. La abrazó más fuerte contra él, a pesar de que sabía que ella podía golpearlo en el vientre con su codo y él sabía muy bien lo que dolía. Sin embargo, no hubo resistencia. El cuerpo delgado de la omega parecía tan frágil, tanto que le pareció irreconocible. Había perdido tanto peso, que el pecho de Rayan se apretó solo de pensar lo que había sufrido para ponerse así... y que él había tenido que ver.
—Suéltame, dejemos las cosas como están. No lo hagas peor. No quiero odiarte —le dijo Leticia con voz apagada, como mismo su mirada estaba