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Para cuando Leticia terminó de arreglarse y salió, Elam ya la esperaba afuera de la habitación. El vestido color crema que se había puesto ese día se sentía asfixiante, como toda la situación que se desarrollaría después.

—De aquí en adelante yo me encargo de cuidarla —escuchó decir al delta al resto de los guardaespaldas en la puerta de su habitación—. Nos vamos.

Este se inclinó y le hizo señas con la mano.

Ambos caminaron por el pasillo de aquel hotel, uno dividido en varias alas, con una ilu
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