Leticia se quedó mirándolo por unos largos segundos para después sonreír débilmente.
—No lo comprenderías —se enderezó, soltándose del delta y tomando una profunda respiración—. Sé que estás aquí por algo más que ver cómo estoy. ¿Para qué te mandó mi padre? —se giró hacia él con el rostro serio y frío que había tenido durante todos los días que había estado en reuniones con empresarios y cenas formales.
Elam se sacudió el cabello.
—Bueno, dice que hay que recoger las cosas. Nos iremos en tres h