Leticia se quedó mirándolo por unos largos segundos para después sonreír débilmente.
—No lo comprenderías —se enderezó, soltándose del delta y tomando una profunda respiración—. Sé que estás aquí por algo más que ver cómo estoy. ¿Para qué te mandó mi padre? —se giró hacia él con el rostro serio y frío que había tenido durante todos los días que había estado en reuniones con empresarios y cenas formales.
Elam se sacudió el cabello.
—Bueno, dice que hay que recoger las cosas. Nos iremos en tres horas en jet privado. Cuando volvamos, nos quedaremos en un resort en una isla privada a algunos kilómetros de la costa. Allí se hará una pequeña celebración para iniciar el proceso de compromiso formal. Ya sabes, conocer con quién te vas a casar.
Leticia alzó una ceja.
—¿Tan desesperados están de que me comprometa? —ya el compromiso era de dominio público; no entendía por qué quería además reconfirmarlo.
Elam miró de un lado a otro y se inclinó.
—La verdad es que fue tu padre el que insistió —ha