Leticia entrecerró los ojos y movió su mano hasta que sus dedos se enrollaron alrededor del mango de la cuchilla de afeitar. No era un arma, pero podría hacerle una cortada mínima cerca de los ojos y defenderse. Tenía que ser sincera consigo misma, no confiaba en la fuerza que tenía su cuerpo en su estado actual.
Se corrió pegándose a la pared del baño, que ocultó su presencia una vez que escuchó cómo la puerta se abría con cautela. Estaba siendo cuidadoso el que había entrado, ocultando hasta