CAPÍTULO 33. ¡Bells...!
Stefano estaba a punto de estallar como el Di Sávallo que era. Nadie conocía la ira de los hombres del Imperio más que quienes la habían probado en carne propia, y el doctor Karlsson estaba a punto de sumarse a aquella lista.
Volvió a la sala de juntas, de donde por cierto nadie había osado levantarse, y finiquitó aquella reunión de inmediato.
—Ahora sí, necesito entender qué demonios está pasando —gruñó Stefano encerrándose en su oficina con Kiryan—. ¿Cómo es que estos dos están trabajando jun