La biblioteca era uno de los pocos puntos ciegos dentro de la embajada. No había cámaras en su interior; solo el pasillo exterior estaba vigilado, como si incluso los encargados de seguridad hubieran acordado respetar el carácter sagrado del lugar.
Logan había bajado con sigilo, incapaz de dormir. El respaldo alto del sillón lo cubría casi por completo, desde allí, podía ver la fuente. Pasaba las páginas de un libro antiguo sin leerlas, más por necesidad de ocupar las manos que de buscar respue