Le había abofeteado sin saber qué esperar, dudosa de su reacción y temiendo que eso apagara el momento... Pero resultó que a Adam le encantaban ese tipo de cosas. Durante la noche asesté en su guapo rostro tres bofetadas más, hasta pintarle en color rojo mis dedos en la mejilla, y él se encendió más que nunca.
—Te amo —me repitió entre caricias, cuando se zafó del cinturón y envolvió mi cuerpo desnudo en sus brazos—. Te amo con locura, Hannah.
Gemí sobre su pelvis y le dejé tomarme de la forma q