PUNTO DE VISTA EN TERCERA PERSONA
Aria no dijo nada cuando se deslizó de nuevo dentro del Bentley. Su rostro permanecía completamente indescifrable, como una máscara perfecta que ocultaba el torbellino que rugía en su interior, mientras su pulso latía como una tormenta salvaje bajo la delicada piel de su cuello y sus muñecas.
“Vamos a casa”, le ordenó a Ricky, con un tono cortante y definitivo que no admitía réplicas ni explicaciones adicionales. “Y ni una sola palabra sobre lo que ha sucedido