PUNTO DE VISTA EN TERCERA PERSONA
El mundo de "Eclipse" era un templo de conversaciones susurradas, el suave chasquido de las tijeras y el tenue zumbido de música ambiental cuidadosamente seleccionada. Para Leo, era un santuario. Su silla no era solo un mueble; era un trono desde el que desplegaba su arte. Podía transformar no solo el cabello, sino el aura entera de una persona. A sus treinta años, tenía una clientela fiel que confiaba en él ciegamente, atraída por su serena intensidad y sus oj