PUNTO DE VISTA EN TERCERA PERSONA
El mundo más allá de las ventanas del ático se suavizó, pasando de un tapiz de terciopelo negro salpicado de diamantes a un índigo profundo, y luego al suave gris del amanecer. Leo observó la transformación desde la inmensa cama, con el cálido cuerpo dormido de Elara acurrucado a su lado. Su cabeza descansaba sobre su pecho, su nuevo y elegante corte de pelo contrastando con su piel. El aroma de su encuentro amoroso, a sudor y a su perfume de ozono, aún flotaba