Una sonrisa lenta y depredadora curvó los labios de Matteo. Durante unos instantes se quedó allí de pie, simplemente observándola, bebiéndola con la mirada, absorbiendo cada curva, cada detalle de su cuerpo desnudo y vulnerable. Su esposa. Su reina. Y sin embargo, aquella noche cargaba con pecados que ella jamás podría conocer.
O eso creía él.
En silencio, se desnudó por completo y se dio una ducha rápida para eliminar el olor a humo y al mármol frío del hotel que aún impregnaba su piel. Cuando