CUANDO ME VAYA. CAPÍTULO 32. Por favor despierta
Se llamaba “miedo”, y se apellidaba “desesperación”.
Jamás en toda su vida Kristoff Dragonov había sentido algo como aquello; era una especie de dolor sordo, un vacío detrás del corazón que hacía que sus ojos se desviaran entre Jana y el arma cargada que siempre tenía a un lado de su cama. Ni siquiera entendía por qué; era como esa certeza de que estaba unido a ella de formas que no se podían explicar, la certeza de que, si ella se moría, él ya no tendría nada que hacer en el mundo.
Los siguien