CAPÍTULO 63. Pruebas y traiciones
Una granada de mano sin espoleta y lanzada en medio de aquella sala habría creado menos caos que aquella mujer entrando.
Sandor se puso más pálido que la muerte cuando la vio. Había jurado que tenía más sentido común, mucho más que atravesar medio país para ir a ponerse contra él en un juicio por custodia.
—Bueno, si se necesitan pruebas, quizás yo pueda ayudar con eso —dijo con una sonrisa fría y maquiavélica que le heló la sangre a cada persona en aquella sala.
—¡Objeción, Su Señoría...! —Se