—Ella se fue, no creo que vuelva. —La voz ahogada del supervisor y las miradas de los otros empleados hizo que Jean Luca bajara la guardia.
Soltó el cuello de la camisa del subordinado con un desprecio que hizo que el hombre gordo tambaleara hacia atrás.
Se golpeó un poco con los archivos de metal, que estaban atrás.
El magnate no dijo una sola palabra más. Salió de la oficina con la mandíbula apretada y el pulso acelerado.
Sacó su teléfono personal y marcó un número directo. No esperó a q