Jean Luca sostenía a Julia por la nuca, hundiendo los dedos con una fuerza contenida y posesiva en el enredo de su cabello castaño.
La respiración del magnate era un sonido entrecortado que rompía el silencio.
Estar en contacto con la calidez de su piel, sentir el pulso acelerado en su cuello y la fragilidad de su silueta era una urgencia física insoportable.
Llevaba dos semanas arrastrando el fantasma de su tragedia y tenerla allí, desafiante y viva, lo empujaba a romper sus propias barrera