—No hace falta. —dijo Irene—. Ya se acerca la Navidad, ve a acompañar a tu abuelo.
—Ya hablé con él. —Diego levantó la mano para mirar el reloj—. Debería estar viniendo.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué hacer que venga de tan lejos? —Irene se sorprendió y luego dijo.
Mientras hablaba, se disponía a tomar su celular.
—El niño está enfermo, ¿no puede venir a verlo? —Diego la detuvo.
—Tu abuelo ya es mayor, además, Feli solo tiene una neumonía... —Irene frunció el ceño.
—¿Solo una neumonía? —Diego empujó su