Diego acarició la cabeza de Félix y luego entró.
—¿Has llegado? —Irene asomó la cabeza desde la cocina.
—Te traigo algo. —dijo Diego, acercándose con paso firme.
—Gracias, son preciosas; me encantan. —respondió Irene, recibiendo las flores. El aroma fresco de las rosas la envolvió.
—¿Estás cocinando? —Diego echó un vistazo a la cocina.
—Solo calenté un poco de leche y preparé algunas tostadas... —Irene respondió con un toque de timidez.
—Déjame a mí. —dijo Diego, arrollando las mangas de su cami