—¡Ay, nuestro Feli está creciendo tan bien! ¡Qué nariz tan bonita! ¡Y esa boquita! ¡Y esos ojos! ¡Del color del mar, son hermosos!
—¡Y tan comprensivo! ¡Qué niño tan dulce! ¡Ay, realmente es un nieto ejemplar!
Irene y Diego estaban de pie al pie de la cama, observando cómo Santiago entraba y no soltaba la mano de Félix.
Irene también se sorprendió al ver a Santiago tan feliz y hablando tanto.
Al parecer, realmente le gustaban los niños. No es de extrañar que siempre los hubiera estado animando a