Isabel llevaba un hermoso vestido blanco que realzaba su elegancia. Caminó con gracia, mostrando la sonrisa que consideraba perfecta.
—Hola, hermano. —saludó.
—Isabel, —Eloy sonrió con ternura, acariciando la cabeza de su hermana—. Ven, te presento a señor Martínez.
—¿Señor Martínez? —Isabel mostró un poco de confusión, inclinando la cabeza.
—Es tu ídolo. —Eloy sabía que a los hombres les gustaba ser admirados y se había tomado el tiempo de investigar sobre Diego—. Mi hermana es un poco joven y