Estos días, Irene, entre el trabajo y cuidar a su hijo, se sentía realmente cansada. Feli, aunque era comprensivo, siempre quería estar cerca de ella.
Ahora que su hijo había sido llevado por Estrella, Irene se sentía inquieta después de haber hablado un rato con Bella.
—¿Qué pasa? —le preguntó Bella—. ¿No te sientes bien?
—No. —Irene se frotó la frente—. Voy a llamar a Estrellita para ver cómo están, quiero ir a buscar a Feli.
—Eres un alma trabajadora, apenas descansas y ya te preocupas... eh,