—¡Por supuesto que lo sé! —Diego se veía un poco impaciente—. ¿Pero yo ni siquiera he comenzado y tú ya me rechazas?
—Entonces comienza. —respondió Irene.
Diego se quedó perplejo. Irene no estaba siguiendo las reglas habituales, lo que le dejaba sin saber cómo continuar.
—Bueno, ¿qué tal si mañana nosotros...? —Tuvo que decir.
—Lo rechazo. —Irene lo miró sonriendo—. Señor Martínez, ¿puedo irme?
—Irene!
Ahora era evidente que Irene estaba tomándole el pelo. Diego estaba bastante enojado.
—¡Eres d