Irene no miró atrás. Diego caminaba a su lado.
—Te acompañaré. La seguridad aquí no es tan buena como en nuestro país; no me gusta que camines sola.
A lo largo del camino, Irene casi no dijo nada.
Diego siempre había sido el centro de atención, acostumbrado a estar en una posición alta, y no tenía experiencia en humillarse ante otros.
Irene guardaba silencio, y él intentó iniciar varias conversaciones, pero ella no respondía, lo que forzaba a Diego a contener su enojo. Cuando Irene finalmente ll