Connor guardó silencio por unos segundos, pensativo. Luego dio una señal a los piratas que vigilaban el perímetro para que nos permitieran avanzar. Al cruzar la barricada, las miradas de desconfianza no tardaron en aparecer. Llegamos a un valle en la isla flotante, la entrada a su fortaleza. De inmediato, fuimos rodeados. Connor nos pidió dejar cualquier arma que lleváramos.
—Debes saber que nosotros somos las armas —dije con una ligera sonrisa.
Pero todo cambió cuando activaron un sello en la z