POV Lanya
Al día siguiente, muy temprano, Damiano y yo fuimos al hospital.
El trayecto fue silencioso, pero no incómodo. Damiano conducía con una mano firme en el volante, y la otra descansaba sobre mi rodilla como si necesitara asegurarse de que seguía ahí, real, presente, a salvo.
Yo miraba por la ventana, aunque en realidad no veía nada.
Era mi primer embarazo, y eso lo convertía todo en una mezcla constante de emoción y miedo.
Cada pequeño síntoma, cada pensamiento, cada silencio… parecía má