POV Augusto
No quería moverme.
El cuerpo me pesaba como si cada músculo estuviera hecho de piedra húmeda, incapaz de responder con normalidad.
—¿Dónde está? —mi voz salió rota, más baja de lo que esperaba—. Dime… ¿dónde está?
Damiano frente a mí dudó. Lo vi en su cara. Ese tipo de duda que aparece cuando una verdad es demasiado pesada para decirla.
Y yo ya lo sabía.
Pero necesitaba escucharlo igual.
—No han traído las cenizas —dijo al fin—. El incendio fue demasiado grande… aún están intentando