POV Nina
Sentí los brazos de Augusto rodeando mi cuerpo con una firmeza que me cortó el aliento.
Intenté resistirme, empujando débilmente su pecho, pero la realidad es que no quería ganar esa batalla.
El alcohol nublaba mi juicio, pero agudizaba mis sentidos.
Me levantó en vilo como si no pesara nada, reclamando el control, y me dejé llevar.
Cuando subimos al coche, el ronroneo constante y magnético del motor, sumado al calor de la calefacción y al aroma de su perfume —ese maldito aroma a madera