A la mujer le subió el pulso al colocarse en el puesto de piloto, mientras los niños estaban en la parte trasera del auto, asegurados en sus asientos. Al mirar por el retrovisor, resopló al darse cuenta de que el auto negro también comenzaría a moverse apenas ella arrancara. Eran dos de los hombres de Marcus quienes la vigilaban.
—Niños, quiero que la pasen bien en su primer día de escuela y que me cuenten cómo les ha ido a los tres —comenzó a decirles, mientras volvía a mirar por el espejo y l