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El resto de la tarde se le hizo eterna a Amelia. Se ocupó en varios pendientes, pero aún así no fue suficiente para sentir que el tiempo pasaba rápido; en realidad, era como si el tiempo transcurriera a paso de tortuga. Sonrió al darse cuenta de que finalmente podría volver a casa, aunque ese gesto no duró mucho al recordar que para ella, la casa era igual a una prisión.

Bufó. Se despidió de su asistente y de algunos empleados que se cruzaron en su camino hacia la salida. Al abordar su auto, re
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