Amelia suspiró hondo, su corazón rebotó con fuerza en su pecho, sintiéndose aturdida pero con la certeza ineludible de que no tenía alternativa; era la hora de sincerarse completamente. Nunca se había sentido preparada para ese momento, pero finalmente se armó de valor y comenzó.
—Mi propia madre provocó ese incendio. Lo siento tanto...
—¿Qué? —El aliento de Maximilian quedó suspendido en el aire, sus ojos fijos en los de ella, esperando la continuación de una verdad que ahora se revelaba aún m