A la mañana siguiente, Maximilian tardó varios minutos en ubicarse. Cuando la avalancha de lo que se enteró el día anterior regresó a su mente, fue como una estocada de la que no podría librarse. Se levantó de la cama, con pasos lentos, y trató de espabilar sus sentidos, dirigiéndose al baño donde pasó un buen rato.
Mientras tanto, Anna estaba en la cocina preparando el desayuno, involucrándose en la tarea junto a la sirvienta, a quien le parecía demasiado extraño que Anna estuviera ayudándole.