—No debiste de traer al niño sin avisarme —regañó a la niñera cuando estuvieron finalmente a solas.
—Lo siento, señora. Me preocupé. No sabía que…
—Debiste llamarme, yo te hubiera indicado qué hacer —siguió, aunque sabía que en el fondo no era su culpa. Pero se sentía tan frustrada consigo misma.
La mujer bajó la cabeza, arrepentida. Afortunadamente, el malestar del pequeño Liam solamente había sido a causa de una indigestión pasajera.
—Regresa a casa —ordenó, antes de girarse y llenar de besi