Sofía se dejó caer en el asiento de su escritorio mientras ocultaba su cara entre sus manos. Las lágrimas salían de sus ojos sin ningún tipo de control.
Odiaba todo esto.
Odiaba esta sensación de vulnerabilidad.
Jamás había sido del tipo de mujer que permitía que alguien la lastimara. Pero aquí estaba llorando como una imbécil por un hombre, por su amante, para ser más exactos.
La imagen de Ismael con esa doctora no dejaba de repetirse en su cabeza, a la vez que no dejaba de imaginarlo en su